Un ejemplo de las exquisiteces que nos ofrece esta tierra es el pan de higo, aunque también cabe destacar como producto estrella la morcilla y chorizo. Pero sin duda, el protagonista de Aguadulce es el aceite de oliva, que se comercializa con dos marcas: Puricon, producido en la cooperativa del mismo nombre, y Oleoestepa arbequina, producido en Arbequisur, dos aceite de excelente calidad y que han obtenido el reconocimiento en distintos concursos internacionales.
En cuanto a la parte monumental, destaca la Iglesia Parroquial de San Bartolomé con su espadaña, la Plaza Ramón y Cajal, punto de encuentro de sus habitantes, y algo que me encanta y da muestra del carácter del pueblo, son sus calles limpias, limpieza que realizan sus vecinas cada mañana del año.
Esas mismas vecinas son las que en sus casas cocinan la cazuela de habas de Aguadulce y el cocido de coles, un plato rico con sus garbanzos, sus coles, una buena morcilla del pueblo, codillo y un rico tocino. Pero si lo que queremos es compartir un rato agradable en compañía de sus habitantes, tenemos que ir a «La Parrala» o a Casa Marín. Y si se desea un almuerzo entrañable, el sitio ideal es el Restaurante Rioblanco donde nunca faltan platos de gran calidad.
